ÚLTIMOS TESTIGOS DE LAS GUERRA DE CASTAS

Nota: Los retratos que ilustran este artículos son de los descendientes directos de los combatientes que lucharon en la Guerra de Castas contra españoles y mexicanos.

Los yacimientos arqueológicos son una parte esencial del paisaje cultural de la península de Yucatán, evidencias de la historia prehispánica de la región. En Quintana Roo, los primeros levantamientos arqueológicos empezaron a principios del siglo XX, sin embargo, la Guerra de Castas evidenció una realidad pocas veces mencionada en la actualidad: muchas de las ciudades prehispánicas ya eran conocidas por los mayas tal y como lo documentaron los exploradores John L. Stephens y Frederick Catherwood en la década de 1840.

El historiador Nelson Reed menciona que los mayas cruzo’ob escogían las tierras colindantes con los montículos y ruinas para cultivar porque habían sido las elegidas por sus ancestros. Más allá de aquel conocimiento agrícola local, la reutilización de los vestigios prehispánicos también tuvo una dimensión religiosa, e incluso bélica, durante la Guerra de Castas.

La Guerra de Castas fue el último esfuerzo del pueblo maya por contrarrestar la lógica colonial. Entre 1847 y 1901, una guerra de guerrillas se extendió al sur y el oriente de Yucatán (hoy Quintana Roo) dejando un rastro de sangre a su paso. El pueblo maya, tras adquirir experiencia militar en los enfrentamientos entre Yucatán y el gobierno centralista de México, decide poner fin a los abusos a los que había sido sometido por criollos y españoles alzándose en armas. Tras la ejecución de Manuel Antonio Ay en Valladolid, sus compañeros Jacinto Pat y Cecilio Chi iniciaron la sublevación y con ella se origina la singular tradición de la Cruz Parlante.

A partir de 1863, un centro ceremonial dedicado a la Cruz Parlante apareció en el pueblo de Tulum liderado por la sacerdotisa María Uicab y se convirtió en uno de los puntos claves de la organización política y religiosa de los cruzo’ob (nombre del grupo de mayas insurrectos que ocuparon lo que hoy día se conoce como Quintana Roo) durante los combates de la Guerra de Castas. El arqueólogo Thomas Gann documentó el resguardo del yacimiento de Tulum por los mayas durante el siglo XIX y el valor religioso que le habían atribuido a la estructura de El Castillo. Los cruzo’ob siguieron utilizando la ciudad prehispánica ubicada en la Zona Arqueológica de Tulum hasta el año 1937; al pasar el municipio a ser oficialmente propiedad de la nación mexicana, se les prohibió el acceso a dicha estructura.

Las ciudades prehispánicas fueron utilizadas como campo de batalla durante la Guerra de Castas. Un claro ejemplo es San Jacinto, a pocos kilómetros de Xkon-ha, donde los mayas derrotaron a los mexicanos. En Tabi y Nohpop, los cerros arqueológicos sirvieron de fuerte a los cruzo’ob durante los enfrentamientos. Contamos con evidencias del uso bélico de las ruinas mayas gracias a las fotografías tomadas por las tropas federales mexicanas después de la toma de ambos sitios en 1901.

En algunas ocasiones, fueron los mismos mexicanos quienes reutilizaron las rocas de los yacimientos prehispánicos, como fue el caso del fuerte de Yo’okop.

Además del uso religioso y militar de algunas estructuras prehispánicas, otros yacimientos arqueológicos sirvieron de refugio para los mayas que huían de las tropas federales mexicanas, como fue el caso en Balché, donde
Cecilio Chi tenía su rancho (fig. 2), o en Tekax, donde la gente se escondió en el interior de los montículos arqueológicos. En el actual municipio de Lázaro Cárdenas, un yacimiento se convirtió en el refugio de un grupo de mayas que decidió no implicarse en la Guerra de Castas. Kantunilkín, ciudad que a día de hoy conserva su nombre prehispánico, ha sido construida encima de la antigua ciudad prehispánica y todavía hoy podemos observar algunas estructuras prehispánicas en la localidad. El mismo fenómeno sucedió en el norte del actual país de Belice, región a la cual otro grupo maya migró y donde fue fundada la ciudad de Corozal, encima de los vestigios de la ciudad prehispánica de Santa Rita.

En Muyil, se encontraron evidencias arqueológicas de la utilización del yacimiento durante la Guerra de Castas. Durante la década de los años treinta, numerosas comunidades fueron creadas por los mayas cruzo’ob, muchas de ellas próximas a yacimientos arqueológicos. Si bien en algunos casos estos yacimientos pudieron servir como material de construcción para nuevos poblados, algunos montículos arqueológicos siguen teniendo al día de hoy un alto valor sagrado dentro de la vida ritual de las comunidades mayas de Quintana Roo.

Mathieu Picas
Doctor en Gestión Cultural y Patrimonio por la Universidad de Barcelona

Serge Barbeau

Fotógrafo

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