¡SE HUNDIÓ EL MATANCERO!

Para el siglo XVIII, las rutas de navegación comercial de la Nueva España a su metrópoli y viceversa habían dejado de lado casi totalmente las costas del hoy llamado caribe mexicano. Las poblaciones ribereñas e insulares languidecían e iban desapareciendo poco a poco, en parte por el abandono en que las tenían las autoridades de la Capitanía General de Yucatán a la que estaban jurisdiccionadas, y en mayor grado por las frecuentes e indeseables visitas de piratas y corsarios, que desde sus bases en Tortugas, Jamaica y Belice, depredaban por toda la zona.

Los buques que desde España zarpaban solían navegar hasta La Habana y desde ahí, escoltados por buques de guerra, enfilaban hacia Veracruz por el golfo de México y retornaban por la misma ruta, en sentido contrario. Rara vez los mercantes cumplían singladuras en solitario y cuando lo hacían, procuraban apartarse lo más posible de los puntos de riesgo que representaban los refugios de piratas y corsarios, aunque ello los llevaba lejos de las rutas usuales.

Tal parece que eso hicieron el armador y el capitán de la fragata artillada “Nuestra Señora de los Milagros”, mejor conocida como “El Matancero”. El 30 de Noviembre de 1740 levó anclas en la rada de Cádiz, con una amplia y variada carga. Según manifiesto conservado en el Archivo de Indias, comprendía hierro, acero, barriles y botellas de vino, vidrios para ventanas, aceite, azafrán, herramientas e incluso 240 hojas de espada; un total de 270 toneladas brutas.

Se hundió el Matancero.

Poco antes del amanecer con la mayor parte de la tripulación durmiendo bajo cubierta, el vigía de “Nuestra Señora de los Milagros” alcanzó a divisar los rompientes que a proa acechaban al navío. Era el 22 de Febrero de 1741 y llevaban 94 días de navegación desde su salida de Cádiz, con Despacho de Ruta hasta el puerto de la Vera Cruz en la Nueva España, en viaje mercante.

El buque con eslora de 73 pies, manga de 20 y calado de 10, era propiedad de un rico mercader gaditano, don Francisco Sánchez, Marqués de Casa Madrid. Estaba al mando del capitán Juan Bacaro, con una tripulación de casi setenta hombres. Además se registró el embarque de un José Sánchez, posiblemente hermano del armador y mercader.

Los arrecifes de Akumal donde el barco se estrelló no están lejos de la playa, pero las olas rompientes por la banda del oriente, expuesta al mar abierto, son fuertes y constantes. El golpeteo del oleaje y el filo de las rocas destruyeron el navío llevándose al propio Capitán Bacaro. Como se verá, fue lo mejor que pudo sucederle.
Algunos sobrevivientes lograron llegar a la playa cercana, entre ellos el supuesto hermano del armado quien se vio en problemas al iniciar el proceso de inventario de las mercancías recuperadas.

Las cosas se dieron así: al ser llevado lo rescatado a Campeche y Veracruz y ser comparado este inventario con lo autorizado a salir de España, se hallaron mercaderías no incluidas en el manifiesto de carga, entre ellas fardos de telas inglesas, lo que no sólo era contrabando sino traición, pues ambas naciones estaban en guerra.

Hasta ahí el naufragio del “Matancero” no pasa de ser una más de las decenas, ¿centenas?, de hundimientos que por siglos han tenido por escenario el Caribe. A mediados del siglo pasado buzos de Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México, CEDAM, organizaron y llevaron a cabo el rescate de lo que desde hace dos siglos no había podido ser sacado del fondo, de esta manera comprobaron la contravención. “El Matancero” transportaba agujas de coser alemanas; platos de peltre ingleses; botellas y sellos de plomo de Francia; vidrios de Venecia y las ya citadas telas inglesas, por lo que el contrabando quedó plenamente demostrado.

Hoy, muchos cozumeleños –el que escribe es uno de ellos– portamos al cuello alguna medalla o crucifijo procedentes de ese naufragio y que aunque su costo material es mínimo, tienen un valor histórico inconmensurable, pues rescatados del fondo del mar después de más de dos siglos, constituyen un lazo que nos hermana con nuestra historia local.

Velio Vivas

Cronista de Cozumel

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