SANGRE PARA LOS DIOSES

Acorde con la cosmovisión mesoamericana, el sacrificio humano era la ofrenda fundamental que se debía hacer a los dioses dentro de un ritual religioso y mágico, una retribución mediante la cual un objeto profano se traslada al terreno de lo sagrado por medio del aniquilamiento de una víctima. Era una gratificación que las deidades exigían por haber creado el mundo y para garantizar su existencia. Esta práctica ritual es muy antigua y tenían múltiples variantes.

La responsabilidad de extraer los corazones de los sacrificados recaía sobre el Ah Nacon “el sacerdote sacrificador” también llamado Chilam.

En la continuidad del cosmos, los mayas ofrecían presentes a los dioses mediante ofrendas, sacrificios y auto sacrificios, de esta manera les agradecían los beneficios otorgados. En base a la crónica de Fray Diego de Landa, conocemos varias ceremonias que incluyen el sacrificio. Las más conocidas eran:

1

Sacrificios del principio del año nuevo en la letra de Kan, en donde se elaboraba una imagen en cerámica del “demonio” que llamaban Kanuuayayab. Se debía realizar un autosacrificio cortándose las orejas y la sangre se untaban en una piedra tallada con la imagen de un “demonio” llamado Kanalacantun. También se hacía el sacrificio de un perro o un hombre.

2

Sacrificios del año nuevo en la letra de Muluc. Decapitación de una “gallina”. Sacrificio de un perro de espaldas negras y virgen. Autosacrificio cortándose las orejas y untando la sangre a la piedra de Chacacantun.

3

Durante el mes de Pax se realizaba una fiesta llamada Pacumchac en donde sacrificaban un perro sacándole el corazón y lo enviaban entre dos platos al demonio.

El sacrificado destinado al ritual de sangre no era cualquier persona escogida al azar, por lo regular se elegía algún guerrero capturado y valeroso. Dentro del contexto del ritual, en un espacio sagrado, el sacerdote es la persona encargada del culto, su función era la de servir como intermediario entre el mundo divino y humano. Y en apoyo al Ah Nacon participaban los Chacoob quienes eran los encargados de sostener a la víctima por los brazos y piernas para evitar cualquier movimiento. Existían otros personajes como los Ah balam o Ahau Can conocidos como sacerdotes sacrificadores de las ciudades.

En la ceremonia intervenía otro individuo como el llamado Hol pop, que era el maestro de ceremonias, se encargaba de la custodia de las joyas y ofrendas de los sacrificios. También había músicos comisionados para convocar a la gente a las ceremonias y tocar en las procesiones y los sacrificios. Dentro del ritual se trataba de realizar los procedimientos con solemnidad y gran exactitud a fin de lograr el favor de los dioses; tal vez empleaban baños de purificación y posteriormente narcotizaban a la víctima para que no acudiera al rito en pleno uso de sus facultades, o bien, la embriagaban con el licor sagrado o balché para someterla con más facilidad al sacrificio.

En la Península de Yucatán la indumentaria del sacrificado podía variar, algunos acudian a su muerte desnudos, pintados de azul y con un tocado que indicaba la deidad a la que ofrendaban, otros usaban vistosos trajes y eran coronados con flores.

La danza y la música jugaron un papel relevante en la ceremonial en donde los participantes obtenían un cierto grado de hipnosis por los sonidos y ritmos, aunado a los efectos del balché y el olor de las resinas. Momentos antes del sacrificio, se realizaba una última procesión con las imágenes de los dioses.

La extracción del corazón era la práctica de sacrificio más extendida en la zona maya y en ocasiones va acompañada de la decapitación. El sacrificado era colocado sobre el Chamilbiltun (piedra de muerte o de sufrimiento), en los Chilam Balam se le llama “piedra roja del sacrificio” en alusión a la sangre derramada que cubre a la piedra. Por debajo de la tetilla el Ah Nacon asestaba un golpe certero con el cuchillo de pedernal o U Kab Ku “el arma de dios”. Las crónicas del siglo XVI nos informan que la sangre se untaba a los ídolos, se asperjaba a los cuatro rumbos del universo, o bien se quemaba con resina a manera de incienso, en braseros especiales. En este ritual se conecta con la renovación y la fecundidad. La mayoría de los sacrificios humanos en los que se ofrendaba el corazón realizados en la Península de Yucatán tendrían la finalidad de fortalecer a las divinidades principales para que estos mandaran lluvias adecuadas y lograr las cosechas necesarias para alimentar a la población. La exploración arqueológica en el Estado de Quintana Roo ha develado la presencia de la piedra sacrifical en los asentamientos prehispánicos de El Meco, El Rey, San Gervasio, Tancah, Tulum y Chac Mool, todos ellos en correspondencia con el período cronológico del postclásico tardío ( 1 200 -1 550 d.C.).

El separar la cabeza del cuerpo humano fue un ritual practicado en la religión maya y el cual estaba ligado a la cabeza trofeo, dentro de un complejo sistema simbólico que involucra la guerra, el juego de pelota, el murciélago y al ritual agrícola, sin embargo, de acuerdo con los datos arqueológicos en ningún caso a sido posible determinar si la forma de la muerte fue la decapitación o bien esta se le hacía al cadáver.

En el área maya tenemos ejemplos de entierros con cráneos decapitados desde el periodo preclásico tardío (300 a.C.- 250d.C.) en Uaxactun y del clásico en Chukumik, Kaminaljuyul y Nebaj en Guatemala. El uso ritual del cráneo como trofeo estuvo extendido durante el periodo clásico y los podemos observar en multitud de monumentos y estelas que debieron pertenecer a cautivos de guerra y era una manera de indicar la alta jerarquía de aquel que lo portaba.

En el postclásico temprano (900 – 1200 d.c.) los cráneos de los sacrificados o muertos en batalla se acomodaban en postes de madera creando un altar de cráneos en el Tzonmpantli de Chichén Itzá, de igual manera el acto de degollamiento lo vimos representado en los muros del juego de pelota del mismo sitio. El murciélago tiene un glifo que se representa a Zotz y como deidad murciélago, se le muestra cortando las cabezas de las Víctimas en el Códice Vaticano B.

En Chac Mool, Quintana Roo conseguimos observar dos ejemplos de cráneos ofrendas, uno frente a la entrada del adoratorio o Estructura E y otro frente a la entrada del adoratorio o Estructura F que contiene a la escultura del Chac Mool, cerca a estos craneos se consiguió una piedra sacrificial y un cráneo máscara.

El flechamiento es otro sacrificio que tenía la finalidad de lograr la comunicación con las deidades. Su origen se atribuye a los Chichimecas o a los Huastecos y posteriormente se introduce en el altiplano central en el siglo XI. El flechamiento entre los Mayas esta descrito en dos de los cantares de Dzitbalche en el cual la ceremonia se efectuaba en las primeras horas de la mañana en el que la víctima era pintada de azul como consagración y debía ser un joven y virgen luciendo una corona de flores de balché. El ritual se celebraba sobre una pequeña plataforma y sobre de ella se amarraba al joven en un poste pintado de azul. La primera herida la hacía el sacerdote en el sexo del joven fuera hombre o mujer y la sangre se untaba a las imágenes de los dioses, lo que nos expresa que se trataba de un sacrificio para la fertilidad. A partir de este momento se iniciaba una danza llamada Kolomché alrededor de la víctima y en donde se lanzaba una flecha al corazón del joven el cual estaba señalado por un circulo blanco y se hacía hincapié en que era necesario una muerte lenta para que al sacrifico fuera más agradable al dios. La ceremonia la presenciaba el pueblo y algunos oficiales religiosos y civiles como el Hol Pop, el Nacon y el Batab como gobernante.

La precipitación a depósitos acuáticos era otra forma de sacrificio. La víctima era tirada viva para que muriera ahogada o se arrojaba muerta después de haberle extraído el corazón. Estos depósitos eran considerados como entradas al inframundo y se pensaba que en su interior habitaban las deidades de la lluvia. Estos rituales fueron muy frecuentes en la Península de Yucatán.

En tiempos de sequias se sacrificaban hombres, mujeres y niños con la intención de ofrendar a las divinidades y así obtener abundantes lluvias y cosechas. El principal centro de procesiones y sacrificios fue Chichen Itzá en donde las principales deidades relacionadas con la lluvia eran ChaacItzamna, ambos de origen ofídico y este último, como divinidad celeste, vinculado con diversos fenómenos meteorológicos.

Existen otros tipos de ceremonias como la de fundación, en la cual se sacrificaba una persona para sacralizar un templo o algún espacio que hiciera posible la comunión con los dioses. Los ritos de edificación entre los mayas fueron diversos, se usaban para consagrar un espacio y expulsar las fuerzas negativas, el más común era sacrificar un ser humano y enterrarlo bajo la obra constructiva, probablemente daban muerte a la víctima por decapitación, en la mayoría de los casos se han localizado cráneos aislados, cuerpos decapitados o bien con mutilaciones. Cuando la ofrenda consistía en cráneos, estos se encontraban en platos, cajetes o jarras, colocados en fila o en círculo.

Dentro del objetivo de acompañar a un difunto es su tránsito hacia otra forma de existencia se practicaban los sacrificios de exequias. Los mayas adoptaron dentro de sus costumbres el sacrificar a los servidores de un gobernante cuando este fallecía para que le continuaran sirviendo en su posterior existencia.

Durante la colonia el sacrificio se realizaba como una acción clandestina por la noche y en otros contextos como en los cementerios, las milpas, las cuevas y los montes; los restos se arrojaban posteriormente a los cenotes. Estos actos rituales fueron una forma más de resistencia para persistir y no perder la identidad, condenados, perseguidos y castigados por las autori- dades coloniales españolas.

ENRIQUE TERRONES

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