VASO PARA BEBER CACAO

Gabriel Severiano se ha dado a la tarea de hacer réplicas históricamente adecuadas de los vasos para tomar chocolate que usaban los emperadores Mayas. Después de varios años de dar con las técnicas correctas logró hacer un primer lote de 36 vasos capaces de transportarnos al mundo prehispánico.

Los mayas fueron grandes narradores e innovadores poetas visuales. Cualquier superficie podía ser el lugar idóneo para relatar una historia y todas las historias guardaban en algún lugar de su belleza conocimiento. Resulta sorprendente encontrar en objetos de uso diario epigrafías capaces de hacernos viajar en el tiempo e imaginar el día a día en el imperio maya.

El proceso creativo de Gabriel Severiano tiene mucho que ver con los viajes en el tiempo. Su formación como restaurador le otorgó la minuciosidad, el método científico y educó su ojo; el Dong-Kun-Do le mostró el camino de la disciplina a través de la katana y la cultura Maya le dio un propósito a sus inquietudes.

Gabriel un día despertó con el antojo de tomar chocolate tal como un ah k’u hun (el de los libros sagrados) lo hubiese hecho. Lo primero que debía conseguir era un vaso, o mejor dicho, la réplica de un vaso maya. Buscó sin mucho éxito un vaso que hiciera justicia a la realidad histórica y se planteó el reto desde otra perspectiva.

¿Por qué no hacer mi propio vaso?

La pregunta devino en práctica y en el año 2015 empieza el proceso de estudio y cocción de los primeros vasos. Siguiendo las teorías científicas busca la técnica correcta, el pigmento adecuado, generando así un proceso de investigación arqueológico experimental. Esta práctica le ha permitido descubrir los misterios del engobe, apartándose de las teorías actuales y buscando la verdad a través del oficio, “difiero en cierto punto de los arqueólogos en cuanto a la manufactura, casi todos los artículos mencionan que el engobe tiene base de hierro. Así lo hice pero estos pigmentos cuando los meto a la cocción específica viran a rosa. El negro viraba a rojo quemado. Después razonando, me di cuenta que cuando meten el FRX (fluorescencia de rayos equis, un estudio que se hace a materiales inorgánicos) lo que realmente están identificando es la parte del núcleo y si tienen mucha cantidad de hierro pero los engobes Mayas son diferentes”.

Gabriel heredó el gusto por la restauración de su padre que siempre ha trabajado como ebanista vinculado a la conservación de piezas coloniales. Descubrió la cerámica de boca en boca, de maestro en maestro. Reconoce su deuda con los artesanos de Mata Ortiz y Tonalá quienes lo ayudaron a través de Facebook a perfeccionar el modelado y la pigmentación con recomendaciones que solo la experiencia puede cristalizar.

Lo que atrapa de los vasos de Gabriel es la meticulosidad en la escritura de los glifos y la calidad del dibujo. Como restaurador ha trabajado en diversos proyectos, siendo uno de los más destacables “El Yathé” por la antigüedad de las piezas, sin embargo, es un Tulum donde descubre el hipnótico universo Maya e inicia el camino del vaso de chocolate. Gracias a los trabajos de restauración que realiza bajo la tutela de Patricia Meehan (Directora del proyecto de restauración de la pintura mural de la costa oriental de Quintana Roo) en el Templo de las Pinturas Estructura 16 ha podido conocer de primera mano el delicado acabado de los epigrafistas y sintetizar estos saberes milenarios en sus vasos.

Actualmente solo existen 36 vasos que cumplen con el riguroso control de calidad de Gabriel Severiano. Si bien desde 2015 ha hecho decenas de experimentos, solo este pequeño grupo de 36 piezas cumplen con las expectativas del artista quien fabrica estos vasos para recrear la deliciosa experiencia de tomar Chok’olja (Chocolate) la bebida sagrada.

Como siguiente paso y para llevar sus prácticas artísticas más allá, Gabriel se plantea seguir el ejemplo de sus maestros los artesanos de Mata Ortiz y Tonalá: revitalizar el lenguaje de la cerámica prehispánica a través de la experimentación. El futuro está en contar a través de glifos las historias de nuestro presente, usar la epigrafía para poder traducir al sistema poético de los Mayas las convulsas y fragmentadas historias de nuestro tiempo.

Se puede contactar a Gabriel a través de las redes sociales para conocer más sobre sus hallazgos, retarlo a un duelo de katanas o encargarle la fabricación de alguna pieza única capaz de conectarnos con nuestra identidad precortesiana.

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